Este concepto se usa en el contexto de la economía y las finanzas públicas.
fases de expansión económica que se ven seguidas inexorablemente por fases de desaceleración de la actividad económica (muy bajas tasas de crecimiento) o incluso recesión (crecimiento negativo de la economía durante dos trimestres seguidos o más), para después pasar a una nueva recuperación y expansión económica. El proceso sigue las siguientes fases: auge o cima, recesión o contracción, fondo o depresión y recuperación o expansión. A lo largo de la historia hemos aprendido que el Estado puede jugar un importante papel estabilizando el ciclo, es decir, enfriando la economía en épocas expansivas (muchas veces inflacionarias) y animándola en fases recesivas.
Las economías funcionan con altibajos; es decir, a lo largo del tiempo se producen fluctuaciones que a veces llegan a constituir verdaderas recesiones, o incluso depresiones, que se traducen en paro y pérdida de producción. En los últimos cincuenta años el objetivo de mantener el empleo - si no pleno por lo menos de alto nivel- y la estabilidad de la producción se ha convertido en una justificación para la intervención del Estado. La promoción de estos objetivos está a cargo de funcionarios y políticos (dirigidos por los Ministros de Economía y Finanzas) y de instituciones estatales (Bancos Centrales). Estos policy-makers deben tener capacidad para calmar las reacciones exageradas de los mercados, despejar incertidumbres de los agentes económicos y manejar los tipos de interés, los impuestos y el gasto público a fin de dar la orientación adecuada a la política económica. Para ello deben tener la información y el conocimiento técnico necesarios para tomar las decisiones que convengan en cada momento.
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